La imagen histórica de San Judas y el impulso a su devoción
Cuentan antiguas crónicas que hacia 1910, una joven llamada Elena Correa Rivera, muy devota de San Judas Tadeo, recibió de manos de un pariente llamado Manuel Francisco Rivas la donación de 1.000 pesos –una suma respetable en la época– para obras en homenaje del santo apóstol.
Elena consultó sobre el mejor destino que se podría dar a ese dinero al P. Silvestre Alvarez, quien era entre los misioneros claretianos uno de los grandes difusores de la devoción tadeana. De común acuerdo con los donantes, los misioneros decidieron adquirir en España una imagen del santo apóstol para el templo cordimariano, la que se encargó a un escultor religioso de Barcelona y llegó a Santiago en septiembre del año siguiente, 1911.
La imagen, tallada en madera, tiene un metro sesenta de altura, incluyendo el pedestal. Su decoración es sencilla, pero realizada con arte e inspiración. Fue bendecida con gran solemnidad por el arzobispo de Santiago don Juan Ignacio González Eyzaguirre, el lunes 5 de diciembre de 1911.
El agua bendita roció entonces el rostro y vestiduras de la efigie del santo, y desde ese instante se facultó a los fieles para rendir culto público y legal al apóstol milagroso en la iglesia de los misioneros cordimarianos o claretianos.
Un altar para la imagen
No se contaba a esa fecha con un altar adecuado para la imagen. Por entonces el P. Braulio Sos, encargado del templo, supo que los religiosos filipenses, establecidos en la calle Santa Rosa, dejaban esa comunidad. Con tal motivo el hermano Capurro, un filipense que antes había sido claretiano, ofreció a los misioneros el altar de su capilla ahora desierta, para que se destinara a uno de los templos claretianos del sur.
Como el traslado era costoso, se decidió dar al altar otro destino. El P. Braulio lo reparó, ayudado por algunos miembros del Círculo de Obreros del Corazón de María, fundado por los misioneros. En ese altar recibió culto san Judas Tadeo hasta que en1922 fue estrenado el actual, completamente transformado y modernizado.
Este importante cambio se debe al P. Antonio Hernández, hombre muy entusiasta y realizador, quien con el tiempo llegaría a ser superior mayor de los misioneros en Chile. Gracias a sus buenos contactos, para el nuevo altar de san Judas consiguió el padre Hernández nada menos que el apoyo de la entonces primera dama de la nación, doña Rosa Ester Rodríguez de Alessandri, quien le hizo una generosa donación de 2.000 pesos. Una vez más, en la ejecución de las obras aportaron su trabajo algunos fervorosos socios del Círculo de Obreros cordimarianos.
Con motivo de tan importante transformación del altar del santo, ese año 1922 el P. Medardo Alduán, superior de la comunidad claretiana, organizó y predicó la primera novena pública solemne a san Judas, e hizo lo mismo al año siguiente.
El gran impulso gráfico
El padre Medardo Alduán mandó imprimir también las primeras 10.000 estampas del santo, en blanco y negro. A ellas siguieron otras 25.000 en colores, las que se repartieron profusamente. A las estampas siguió la edición masiva de la primera novena a san Judas Tadeo en versión popular. Todo ello editado e impreso en los Talleres Poligráficos Claret, que los misioneros fundaron en 1911, el mismo año en que llegó y fue bendecida la imagen del santo.
En 1925, el mismo P. Alduán hizo grabar la primera medalla de san Judas, la que al reverso llevaba la inscripción “Iglesia del Corazón de María”. También colaboró en la edición de la primera Vida de san Judas, editada por los Talleres Claret en 1927.
Extraordinario difusor gráfico del santo sería el hermano Juan Mosó, quien durante sus 30 años como gerente de los Tallleres Claret editó y difundió centenares de miles de estampas, folletos, revistas y otros instrumentos de difusión del santo apóstol.
Fuente: Archivos y publicaciones claretianas



