2 diciembre 2011 0 Comentarios

Los misioneros claretianos y la devoción a S. Judas Tadeo

San Judas Tadeo, uno de los mayores íconos de religiosidad popular en Chile, ha tenido a los misioneros del Corazón de María o claretianos como impulsores insignes de su devoción, desde los primeros años de su misión en el país y en América, iniciada hace casi un siglo y medio.

Los primeros claretianos venidos de España a partir de 1870 –entre ellos el venerable P. Mariano Avellana, futuro santo hispanochileno– levantaron aquí a su patrona su primer templo en el mundo, la actual  Basílica del Corazón de María y santuario nacional tadeano. Varios traían un gran afecto por san Judas Tadeo, cuya devoción propagaron por el país en sus misiones. Hay testimonios de la devoción que el P. Mariano y otros primeros misioneros tuvieron al apóstol urgido por la manifestación de Cristo al mundo, como lo muestra el Evangelio.

Si bien hay focos tradicionales de esta devoción en otros lugares de Chile, no es aventurado intuir en ellos la influencia de los pioneros claretianos.

 Tras las huellas de Tadeo

 En Malloa, unos 130 km al sur de Santiago, existe un foco importante de la devoción tadeana. En 1888 hubo allí una gran epidemia de cólera. El párroco, Alfonso Pugliessi, suplicó a san Judas Tadeo que librara a la población diezmada por la peste, le hizo pintar un cuadro que hasta ahora se venera, y lo sacó en procesión por el pueblo. Según crónicas de la época, cesó la epidemia, y así surgió y se propagó en esa zona la devoción al que poco a poco comenzó a ser invocado como “abogado de los imposibles” o “de los casos desesperados”.

Pero ya en 1875 había misionado en Malloa el padre Mariano Avellana, y sus hermanos de congregación lo hicieron otras veces. Tal vez llevaron entonces las primeras semillas de la devoción tadeana. Lo propio hicieron en el archipiélago de Chiloé, más de 1.200 km al sur de la capital. Hoy existe allí otro foco devocional relevante a san Judas, en Curaco de Vélez.

Uno de los antiguos tadeanos más fervientes fue el hermano claretiano Juan Vela, quien aseguraba haber recibido en España un gran favor por intercesión del apóstol, cuya devoción propagó con entusiasmo en Chile como prueba de gratitud.

Otro tanto hizo el hermano Juan Mosó, quien pregonaba haber recuperado milagrosamente la salud por intercesión de san Judas, tras ser desahuciado en 1922. En testimonio de gratitud al santo se convirtió en uno de sus más fervientes difusores. Fallecería en 1968, después de haber sido por 30 años gerente de los Talleres Poligráficos Claret.

Estos fueron fundados en 1911 como editorial e imprenta por los misioneros, para evangelizar por medio de la entonces llamada “buena prensa”. Durante 14 años iniciales fueron dirigidos por el ya citado gran devoto tadeano el hermano Juan Vela. El hermano Mosó, por su parte, editó en ellos e hizo circular por el país y el extranjero centenares de miles de estampas, folletos, revistas y otros instrumentos de difusión que popularizaron fuertemente la devoción al santo apóstol.

 Proyección internacional

Los misioneros claretianos no sólo hicieron surgir la devoción a san Judas en Chile; la semilla sembrada aquí brotaría también con fuerza en el otro extremo del continente.

Así lo aseguran algunas crónicas congregacionales. Según ellas, un claretiano norteamericano, el P. James Tort, quien era devoto de san Judas Tadeo, durante una misión en Arizona recibió como obsequio de un minero chileno una imagen del santo apóstol venerado en Santiago de Chile. Así el padre Tort comenzó a propagar la devoción al santo pariente del Señor, principalmente entre los inmigrantes de habla hispana. Estos comenzaron a colmar su parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Chicago, en busca de ayuda frente a la gran depresión económica internacional del año 1929.

Así nacieron en Chicago el Santuario Nacional de San Judas y y La Liga de San Judas, que hoy reúnen a cientos de miles de devotos en una comunidad de oración y esperanza en torno a la devoción al “abogado de los imposibles” o “de los casos desesperados”, que desde allí se extendió con fuerza por todo el país.

Posteriormente, el sendero que trajo a san Judas a Norteamérica lo condujo a México, a donde los misioneros claretianos llevaron su imagen en 1955. Hoy el santo apóstol tiene allí su santuario en el histórico templo de San Hipólito y San Casiano, uno de los más antiguos del país y monumento nacional, a cargo de los claretianos desde 1892.

Entre tanto, en Chicago surgió al alero del apóstol una floreciente editorial claretiana. Entre sus publicaciones más difundidas creó en 1935 la revista Voice of St. Jude, que en 1963 se transformó en la actual U.S. Catholic. Esta ha ganado numerosos premios como una de las mejores en su género en todo el país, y cuenta hoy con más de 40.000 suscriptores.

                             Alfredo Barahona Zuleta (Noviembre de 2011)

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